El Aviaducto

miércoles, junio 29, 2005

¿Fracaso?

Estos meses que las cosas me han salido bastante bien, me da por pensar más que nunca en cierta espinita que llevo clavada. Nunca os lo he dicho, pero El Ave, aquí donde la véis, iba para pianista. Sí: aunque no lo parezca, yo he sido siempre muy musical. Nunca fui al conservatorio (porque estaba muy lejos y porque en parte me daba alergia), y siempre me presenté a los exámenes por libre - una auténtica tortura, no recomendable ni a tu peor enemig@. Pero lo dejé. Estaba a punto de examinarme de sexto curso, y decidí tirar la toalla. En un país como el nuestro, donde la música ocupa el último escalafón de lo apreciable, no hay muchas salidas para gentes que, no siendo genios (como moi) querrían sin embargo dedicar su vida a la música de una u otra forma. Me desanimaron muchas cosas, pero lo que más me desanimó fue el saber que aunque me dedicara a tocar el piano 10 horas al día, no tenía ninguna garantía de que me fueran a salir bien las cosas. Y eso, viniendo de una familia donde no se nadaba precisamente en la abundancia, es difícil de llevar. Con el paso de los años, me fui alejando alejando y estuve cuatro años sin acercarme a un piano. Me daba pánico y tristeza al mismo tiempo. Cada vez que iba a casa, mi padre me pedía que tocase algo, y no me salía. Se me agarrotaban las manos, y se me caían los lagrimones porque siempre era querer y no poder. No podía tocar: no porque no supiera. Podía con la cabeza, pero no con el corazón. Nadie lo entendía, y me llevé un montón de broncas de amig@s y familia porque "cómo puedes estar sin tocar...." Fueron años de sequía total, y llegué a odiarlo tanto que no escuché ni un sólo disco de clásica de la rabia que me daba. Me "salvó" Rachmaninoff. Una vez estaba viendo una magnífica película del año catapún titulada Breve encuentro. La música de la película es el concierto número 2 para piano y orquesta de Rachmaninoff, mi obra favorita (si es que puedo elegir una). Después de ver la película, me pasé varios días (y noches) escuchando el concierto que tenía por ahí en un cedé, y me dí cuenta de que a lo mejor no había hecho mal en alejarme y de que, aunque nunca fuese a ser pianista y no participase en concursos, eso no tenía que significar que tuviera que alejarme de la música. Poco a poco me fui acercando de nuevo, y aunque nunca he vuelto a tocar en serio (en parte porque llevo tres años sin un piano cerca), ahora ya no me da miedo acercarme a un piano (los pianos no muerden, eso lo tengo comprobado). Después de ese primer fracaso, también me prometí a mí misma no volver a abandonar nunca, por ninguna razón nada de lo que hago. Y en esas estoy...

4 Comments:

  • Cariñosa,

    por eso eres como eres.

    toda una lección de post, mi pianista soñada

    la bellota

    By Blogger Bellota, at 6:44 p. m.  

  • Pero, tia, tú de donde has salido, encima.....sabes aporrear un piano, pero ¿cuántos millones de años tienes?.

    By Anonymous bea, at 7:00 p. m.  

  • 28. Ni uno más, ni uno menos. Y a una señorita no se le pregunta la edad!!!! Leñe!!!!

    By Blogger El Ave, at 8:22 p. m.  

  • A mi me paso algo parecido con la Literatura y despues de haber pensado mucho en ello , creo que cometemos el error de pensar que a traves de algo tan intimo y especial como e suna vocacion es necesario alcanzar el exito( reconocimiento) y honestamente creo que no es asi. Solo hay que hacerlo y lo demas viene solo.Asi que Tocala otra vez , ave.

    By Anonymous bambola, at 10:55 p. m.  

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