El Aviaducto

viernes, junio 24, 2005

Normalmente, enlazo textos en lugar de colgarlos aquí completos, pero La Vanguardia Digital suele tener los textos en abierto solamente una semana, así que hoy os copieteo dos textos magníficos (el primero de un columnista, el segundo una carta al director), pa que los leáis. Mientras, los mismos de siempre anuncian que se movilizarán de nuevo si Zapatero no les recibe (lo que quieren decir, naturalmente, es que se movilizarán con un buen berrenchín si el Parlamento hace su trabajo, que es ni más ni menos cumplir con la voluntad del pueblo expresada en las urnas). Y también según LVD, el Vaticano controló muy de cerca los preparativos para la manifestación del 18-J. Aquí, otro magnífico artículo de opinión, "De la familia a las familias." Y más: Carlos Llamas de la Cadena Ser tuvo en antena a un joven que fue "tratado" por el doctor Polainas. Para escuchar la entrevista con el joven, haced click aquí. Nos cuentan también que cierto colegio madrileño reparte un texto entre su alumnado en el que se defiende la terapia reparativa (más sobre esto en otro post). El texto, titulado "Ética sexual," disponible aquí. Y finalmente, Ezker Batua y el colectivo LGBT HEGOAK han presentado una demanda conjunta contra el doctor Polainas.

El trastorno

Jordi Balló

Hasta Andreu Buenafuente ha hecho broma con Aquilino Polaino, que parece un nombre sacado de un personaje de la editorial Bruguera. Pero si este catedrático de Psicopatología y director del departamento de Psicología de la Universidad San Pablo-CEU ha trascendido es por su informe ante la comisión de Justicia del Senado, en el que trata la homosexualidad como "trastorno psicopatológico", adornado por una enumeración catalogada de estos trastornos tendentes a demostrar que los homosexuales son potencialmente peligrosos a la hora de adoptar niños. Este informe fue contestado incluso por algunos de los que lo habían propiciado, pero el resultado ha sido que el Senado se ha opuesto al decreto de las bodas gays y que, por lo tanto, una parte de los argumentos de don Aquilino ha debido encontrar su eco.

Pero amí este caso, y el ambiente moralista que lo envuelve, no me parece de broma, pese al tono carpetovetónico que rezuma. Al contrario, creo que merece que nos pongamos serios y analicemos sus efectos. No soporto la judicialización de la vida cotidiana y menos de la opinión. Pero ante este caso y otros que se oyen estos días me pregunto: ¿no es delito acusar a un colectivo que fue perseguido injustamente usando los mismos argumentos que causaron su represión? Hagamos cultura comparada: ¿puede alguien en EE.UU. o en Sudáfrica decir "los negros son inferiores y no merecen los mismos derechos que los blancos" sin que le pase nada?, ¿puede alguien en Europa, o en Alemania, decir "los judíos son una raza inferior y deben ser segregados"? Evidentemente el peso de la justicia, o al menos de la opinión pública, caería sobre los que opinaran así y más si quien lo formulara fuera un representante institucional y en un marco político de alto nivel. Si estas afirmaciones no son admisibles expresadas en público en estos países, es porque sus gobiernos han asumido, como gesto de Estado, una crítica profunda a etapas anteriores de su historia en que había leyes o actitudes racistas que llevaron a millones de ciudadanos a la represión y a la muerte. Pero ¿no sucede lo mismo con los homosexuales? Si consideramos que miles de ellos fueron exterminados en los campos nazis sólo por el hecho de ser acusados de un "trastorno psicopatológico" o, para decirlo como la Conferencia Episcopal, de "llevar una vida desordenada", deberíamos colocar la homofobia como una de las grandes lacras del fascismo occidental.

En el último año han aparecido diversos libros en España, y algún documental, que detallan las formas con las que los homosexuales fueron perseguidos, internados y torturados en el franquismo. Una maquinaria represiva organizada que se describe en dichas obras como el fruto final de un engranaje o entre el poder judicial, el policial, el religioso y el de la institución psiquiátrica. Diversos polos que actuaron como brazos ejecutores de políticas de internamiento y de curación de los supuestamente trastornados que ahora, al conocerlos, nos acercan al horror y al asco, algo así como lo que sentimos ante La naranja mecánica de Kubrick. Pero ante esta salvajada institucional no sólo nadie pide perdón, sino que agentes muy parecidos a los que ejercitaron esta represión siguen estos días utilizando los mismos argumentos que en su día justificaron una acción vergonzante del Estado español. Que nadie le diga a don Aquilino que lo que dice puede ser delito, o que nadie avise a la Conferencia Episcopal de ir con tiento para no caer en la apología de la homofobia, confirma cuán lejos estamos aún de la auténtica cultura democrática.


En el nombre del padre..... y de la madre


BEATRIZ M. GONZÁLEZ ROMERA - 24/06/2005 - 10.25 horas
Granada

Un hombre (potencial padre) más una mujer (potencial madre) es según expresión de los manifestantes del pasado sábado una familia. Esa es la idea básica a defender. Pero ¿es realmente esto una familia?... Me parece evidente que sí lo es, pero que también lo son las familias monoparentales (hoy predominantes), los casos en que parejas con hijos de anteriores relaciones y unen y tienen nueva descendencia (varios padres, varias madres, hijos que son hermanos con padre o madre distinto junto a hijos que no lo son) y una variedad de posibilidades difícil de resumir. La manifestación del sábado erra así en un aspecto básico: el empleo del término familia como un concepto unívoco. Su percepción "moral" no se adecua a la realidad social.

Por el contrario, este cambio social terminológico no es nuevo para la Ley. Ya las leyes fiscales, y más recientes las leyes contra la violencia doméstica y de género, adoptan conceptos como los beneficios fiscales para madres solteras, o la extensión de la protección penal a la persona que conviva con otra y a los hijos de la pareja con la que se conviva que no lo sean propios en los supuestos de lesiones en el ámbito familiar, que permitieran afrontar jurídicamente, este no tan nuevo fenómeno que es la heterogeneidad familiar.

El término "matrimonio" puede no ser acertado, no para la unión entre homosexuales sino para cualquier unión civil por las connotaciones de un lado religiosas y de otra machista que contrae. Ahora bien, lo que hay que tener en cuenta, es que la ley, y esta es la otra equivocación de la manifestación, no va a crear una situación ex novo partiendo de una ficción deseable. La ley funciona como espejo de la realidad y pretende así abrir la posibilidad de los matrimonios o uniones civiles entre homosexuales. Tanto las relaciones entre homosexuales, como la adopción por parte de parejas de homosexuales no solo son una posibilidad sino una realidad diaria. Nada se crea. Lo que se produce es una ampliación de los derechos, también deberes, y sobretodo garantías para dichas parejas y en especial para dichos menores adoptados.

El hecho de paralizar esta ley no va a suprimir la existencia de estas relaciones de "familia", sí, como parecen pretender los sectores opuestos. Ocurre aquí lo que hace no tanto sucedía con la falta de reconocimiento de sus derechos a lo que se denominó "hijos bastardos". Eludir tal ampliación de derechos no eliminaba la descendencia "extramatrimonial" y su equiparación con los hijos "legítimos" hecha por nuestra Constitución no fomentó la tenencia de hijos de tal naturaleza sino que sencillamente extendió el catálogo de derechos y obligaciones a estos ciudadanos y suprimía las categorías de hijos. Todos los hijos son iguales ante la ley. ¿Por qué no aplicar la misma política? ¿No pueden ser todos los padres y madres, sean o no progenitores biológicos iguales ante la ley?

Las protestas continúan. Las reflexiones no. Una vez más el ser humano trata de tapar con los gritos sus propios miedos. Esta vez a los "bastardos" por ser hijos de homosexuales.

Beatriz M. González Romera
Jurista