El Aviaducto

jueves, agosto 18, 2005

Estrés

El post de ayer tenía toda la intención de ser el último y definitivo. Desde hace varias semanas, el blog ha venido siendo una fuente de estrés y agotamiento constante; eso, unido a todo lo que supone andar de mudanza trasatlántica, provocó el arranque de ayer y el "a tomar por saco la bicicleta". Reconozco que la única culpable de haber permitido que el blog se haya convertido en Radiopatio Ave he sido yo por haberme implicado en los comentarios. Cosas mías, pero la verdad me parecía de bastante mala educación que la gente dejase comentarios y no responder, al menos por pura cortesía y coño, porque me la mayoría de la gente que escribe comentarios me cae bien, qué le vamos a hacer. Quienes habéis sugerido que si no hubiese querido comunicación habría eliminado la posibilidad de dejar comentarios os equivocáis: cuando mudé de Chueca a Blogger me pensé al opción de cerrar la sección de comentarios, pero me imaginé los correos que me irían llegando: que si eso de no dejar comentar es de engreídos, que entonces para qué escribo, que tralarí tralará, y lo dejé como estaba. No sólo eso: para mí dejar la sección de comentarios abierta ha sido una tendencia natural, porque el blog es mi casa y yo en mi casa siempre doy la bienvenida a quien venga en son de paz. Pero en muchas ocasiones, y en especial estas últimas semanas, me he sentido como si un ladrón hubiera entrado en mi casa y me lo hubiera dejado todo patas arriba. Han ido apareciendo comentarios esporádicos que más que opiniones sobre mi post eran directamente opiniones sobre mi persona; he perdido sueño y tiempo intentando deshacer entuertos que en primer lugar no se habrían creado si quien dejó esos comentarios hubiese actuado con un mínimo de respeto y educación en una casa que, por muy punki que parezca, sigue siendo casa ajena. Y me ha agotado, lo siento. Sé que quienes comentáis regularmente no tenéis la culpa de nada, y aquí sí están pagando justos por pecadores; me gustaba leer vuestros guiños, opiniones, chistes, lo que fuera que en ese momento os saliera de dentro. Y creo que sabéis que vuestros comentarios siempre han sido bienvenidos. Lo peor vino con el post "heterofóbico" de marras, donde sin venir a cuento tengo que defenderme de una payasa que aparentemente es lo suficientemente masoca para leer un blog como este y perder el tiempo discutiendo con su autora aunque le produzca urticaria. Los comentarios de mujer-hetero fueron un acto de vandalismo en casa ajena. Porque yo en mi blog puedo ser ácida, sarcástica, hijadeputa, sincera, o lo que me de la gana ser, porque estoy en mi casa y no tengo que dar explicaciones a nadie. Creo, sinceramente, que últimamente ha habido gente que se ha pasado un poquillo comentando excesivamente sobre mi persona y haciendo juicios de valor un poco excesivos. Como al parecer hay mucho guardián de la corrección política por ahí suelto, y como me conozco y sé que no voy a poder dejar de responder a las puyas personales que han ido apareciendo por aquí, seguiré escribiendo, pero lamentablemente pasaré al modo sin comentarios. Lo siento de verdad por quienes me alegráis el día con vuestras ocurrencias y pensamientos, pero es la única solución intermedia que me permite seguir adelante. Añado que me ha parecido fatal que se mencionen nombres de otr@s bloguer@s y se les acuse (sin venir muy a cuento) de peloteo o cosa similar. Si alguien prefiere confundir la complicidad y el buen rollo con el peloteo, es asunto suyo. Pero tonterías no, por favor, que detrás de la pantalla hay gente de carne y hueso y ya somos tod@s mayorcit@s. Si alguien tiene algo que decirme (bueno o malo), me lo decís personalmente, que ahí está mi correo, y santas pascuas. Por correo electrónico soy mucho más normal, incluso seca y aburrida (estilo señorona con mechas). Por último: gracias a quienes me habéis animado a seguir. Vosotr@s sabéis quiénes sois, y si no os respondo individualmente es porque estoy física y mentalmente agotada, de verdad. Espero que sepáis perdonarme. Pero como siempre, repito: ni esto es El País, ni yo soy Rosa Montero, ni la versión femenina de Arcadi Espada, ni este blog va a cambiar nada de nada, y el mundo seguirá dando vueltas a la misma velocidad escriba yo o no. Espero que si tenéis ganas de seguirme leyendo lo hagáis porque os da la gana y porque por las razones que sea, os apetece. Y nada más.